Relación entre las enfermedades sistémicas y la salud ocular

21 Jul 2026

Dr. Alberto Bermudez
Medico Oftalmólogo at  | Web |  + posts

Oftalmólogo en Salamanca | Núm. Colegiado: 373707341

Especialista en cataratas y enfermedades del vítreo y la retina, con experiencia en el tratamiento de enfermedades oculares como cataratas, glaucoma, degeneración macular y retinopatía diabética. Atiende padecimientos de la córnea, defectos refractivos como miopía, hipermetropía y astigmatismo, así como afecciones comunes como ojo seco, conjuntivitis y blefaritis, con un enfoque integral en la salud visual.

Los ojos no funcionan de manera aislada. La retina, el nervio óptico, los vasos sanguíneos y la superficie ocular forman parte del organismo y pueden verse afectados por enfermedades que, en principio, no parecen estar relacionadas con la visión.

La diabetes, la hipertensión arterial, algunas enfermedades autoinmunes y los trastornos de la glándula tiroides pueden producir cambios oculares. En ocasiones, estos cambios aparecen antes de que la enfermedad general haya provocado otros síntomas evidentes. Esto no significa que cualquier molestia ocular indique una enfermedad sistémica.

La mayoría de los síntomas visuales tienen causas propiamente oftalmológicas. Sin embargo, conocer esta relación ayuda a comprender por qué algunos pacientes necesitan un seguimiento coordinado entre Oftalmología, Medicina de Familia, Endocrinología, Reumatología, Neurología u otras especialidades.

En nuestra clínica oftalmológica en Salamanca valoramos el ojo en su conjunto y tenemos en cuenta los antecedentes médicos del paciente para interpretar correctamente los hallazgos de la exploración. Y en este artículo te contamos qué relación existe entre las enfermedades sistémicas y la salud ocular. 

¿Qué es una enfermedad sistémica?

Una enfermedad sistémica es aquella que puede afectar a varios órganos o tejidos del cuerpo, en lugar de limitarse a una única zona. Los ojos son especialmente sensibles a estas enfermedades porque contienen:

  • Vasos sanguíneos de pequeño calibre
  • Tejido nervioso
  • Músculos
  • Glándulas
  • Tejido conjuntivo
  • Una superficie expuesta al entorno

Por este motivo, una alteración vascular, metabólica, inmunológica o neurológica puede manifestarse mediante cambios en la retina, la córnea, el nervio óptico, los músculos oculares o los párpados.

Diabetes y salud ocular

La diabetes es una de las enfermedades sistémicas con mayor repercusión sobre la visión. Cuando los niveles de glucosa permanecen elevados durante un tiempo prolongado, pueden dañarse los pequeños vasos sanguíneos de la retina. Esta complicación recibe el nombre de retinopatía diabética y puede evolucionar sin síntomas durante sus primeras fases. Conforme progresa, puede provocar:

La diabetes también aumenta el riesgo de edema macular diabético, cataratas y glaucoma. Por eso, la ausencia de síntomas no elimina la necesidad de realizar controles periódicos. La Organización Mundial de la Salud recomienda el cribado de la retinopatía diabética y el tratamiento precoz de los pacientes que lo necesiten como medidas eficaces para prevenir discapacidad visual y ceguera.

Hipertensión arterial y vasos de la retina

La hipertensión arterial mantenida puede alterar los vasos sanguíneos de la retina y dar lugar a una retinopatía hipertensiva. Durante la exploración del fondo de ojo pueden observarse cambios en el calibre de las arterias, cruces vasculares anómalos, hemorragias o signos de falta de riego sanguíneo. En situaciones graves, la hipertensión también puede afectar a la coroides o al nervio óptico.

Además, la hipertensión es un factor de riesgo relacionado con:

  • Oclusiones venosas retinianas
  • Oclusiones arteriales retinianas
  • Daño vascular del nervio óptico
  • Empeoramiento de la retinopatía diabética

En muchos pacientes, estos problemas aparecen cuando la hipertensión se asocia a otros factores, como diabetes, colesterol elevado, tabaquismo o enfermedad cardiovascular. Controlar la tensión arterial no solo protege el corazón, los riñones y el cerebro, también ayuda a preservar la circulación ocular.

Enfermedades cardiovasculares y circulación ocular

La retina necesita un aporte continuo de sangre y oxígeno. Por ello, las enfermedades que afectan a la circulación general también pueden repercutir en el ojo. La aterosclerosis, determinadas alteraciones del ritmo cardíaco y las enfermedades de las arterias carótidas pueden favorecer la formación o el desplazamiento de material que obstruya un vaso retiniano.

Una pérdida visual repentina e indolora en un ojo puede estar relacionada con una oclusión vascular. Este síntoma debe valorarse con urgencia, ya que en algunos casos puede ser una manifestación de un problema vascular que también pone en riesgo el cerebro o el corazón. La exploración ocular no sustituye al estudio cardiovascular, pero puede contribuir a detectar signos que hagan necesario ampliar la evaluación médica.

Enfermedades autoinmunes e inflamación ocular

Las enfermedades autoinmunes aparecen cuando el sistema inmunitario ataca por error los propios tejidos del organismo. Algunas de estas patologías pueden producir inflamación en diferentes partes del ojo, como la conjuntiva, la córnea, la esclera, la úvea, la retina o el nervio óptico. Las manifestaciones dependen de la enfermedad y de la estructura afectada.

Entre los síntomas que pueden aparecer se encuentran:

  • Ojo rojo persistente
  • Dolor ocular
  • Fotofobia
  • Visión borrosa
  • Sequedad ocular intensa
  • Sensación de arenilla
  • Aparición de manchas en la visión
  • Pérdida visual

Enfermedades como la artritis reumatoide, el lupus, el síndrome de Sjögren, la enfermedad de Behçet y algunas vasculitis pueden presentar manifestaciones oculares. No todos los pacientes con una enfermedad autoinmune desarrollan problemas visuales. Sin embargo, cuando aparecen dolor, enrojecimiento o pérdida de visión, es importante realizar una exploración oftalmológica para descartar inflamación ocular.

Enfermedades de la tiroides y ojos

La enfermedad ocular tiroidea está especialmente relacionada con la enfermedad de Graves, un trastorno autoinmune de la glándula tiroides. En esta enfermedad se inflaman los músculos y otros tejidos situados alrededor del ojo. Como consecuencia, los ojos pueden parecer más prominentes y aparecer molestias en los párpados o en la órbita. Los síntomas pueden incluir:

  • Sensación de presión detrás de los ojos
  • Sequedad y escozor
  • Párpados retraídos
  • Ojos más abiertos o prominentes
  • Visión doble
  • Dificultad para cerrar completamente los párpados
  • Inflamación alrededor de los ojos

La mayoría de los casos no provocan una pérdida visual grave, pero algunas formas más intensas pueden afectar a la córnea o comprimir el nervio óptico. No todas las personas con alteraciones tiroideas desarrollan enfermedad ocular. Además, la actividad ocular y los niveles de hormonas tiroideas no siempre evolucionan de forma paralela, por lo que puede ser necesario un seguimiento conjunto por Endocrinología y Oftalmología.

Enfermedades neurológicas y visión

La visión depende tanto del ojo como del cerebro y de las vías nerviosas que los conectan. Por eso, algunas enfermedades neurológicas pueden provocar síntomas visuales aunque el globo ocular no presente una lesión evidente. Las manifestaciones pueden incluir:

  • Visión doble
  • Pérdida de una parte del campo visual
  • Disminución de la agudeza visual
  • Alteración de los colores
  • Movimientos involuntarios de los ojos
  • Caída del párpado
  • Dolor al mover el ojo

La inflamación del nervio óptico, determinados trastornos de los nervios craneales y los problemas que aumentan la presión dentro del cráneo pueden afectar a la visión. La hipertensión intracraneal idiopática, por ejemplo, puede producir inflamación de la cabeza del nervio óptico, conocida como papiledema. El estudio de estos casos suele requerir una valoración neurooftalmológica y neurológica.

Enfermedades hematológicas y alteraciones de la coagulación

Los trastornos de la sangre también pueden afectar a la circulación retiniana. Las anemias intensas, algunas enfermedades de las células sanguíneas, los estados de hiperviscosidad y ciertas alteraciones de la coagulación pueden producir hemorragias, falta de riego sanguíneo u oclusiones vasculares.

En personas jóvenes con una oclusión retiniana y sin factores de riesgo habituales, el médico puede considerar necesario estudiar posibles alteraciones hematológicas o de la coagulación. Estas pruebas no se solicitan de forma automática a todos los pacientes. La necesidad de ampliar el estudio depende de la edad, los antecedentes, el tipo de lesión ocular y el contexto clínico.

Enfermedades infecciosas y manifestaciones oculares

Algunas infecciones generales pueden afectar al ojo de forma directa o desencadenar una respuesta inflamatoria. Dependiendo del microorganismo y del estado inmunitario del paciente, pueden aparecer conjuntivitis, queratitis, uveítis, inflamación retiniana o afectación del nervio óptico.

Las personas inmunodeprimidas necesitan especial vigilancia, ya que determinadas infecciones oculares pueden evolucionar de forma más agresiva. Ante un ojo rojo doloroso, fotofobia o pérdida de visión en un paciente con una infección sistémica o con las defensas disminuidas, es recomendable solicitar valoración oftalmológica.

¿Qué síntomas requieren una valoración rápida?

Aunque muchas enfermedades sistémicas producen cambios lentos, algunos síntomas deben estudiarse sin demora:

  • Pérdida repentina de visión
  • Visión doble de aparición brusca
  • Mancha oscura fija
  • Pérdida de una zona del campo visual
  • Dolor ocular intenso
  • Ojo rojo con fotofobia
  • Destellos acompañados de una sombra o cortina
  • Caída repentina de un párpado
  • Síntomas visuales asociados a debilidad, dificultad para hablar o alteración facial

En estas situaciones no conviene esperar a una revisión rutinaria.

¿Qué pruebas pueden realizarse?

La exploración se selecciona según la enfermedad y los síntomas. Puede incluir algunas pruebas diagnósticas de oftalmología como: 

  • Fondo de ojo: permite estudiar la retina, los vasos sanguíneos y el nervio óptico.
  • OCT: la tomografía de coherencia óptica obtiene imágenes de alta resolución de la retina y del nervio óptico.
  • Retinografía: documenta el aspecto del fondo de ojo y facilita la comparación entre revisiones.
  • Campimetría: estudia el campo visual y puede detectar pérdidas que el paciente todavía no identifica con claridad.
  • Medición de la presión intraocular: ayuda a valorar el riesgo de glaucoma y los efectos de determinados tratamientos.
  • Exploración de la superficie ocular: permite estudiar la córnea, la conjuntiva, los párpados y la película lagrimal.

No todos los pacientes necesitan todas estas pruebas. La exploración debe individualizarse según los antecedentes y los hallazgos encontrados.

Salud ocular y enfermedades sistémicas en Salamanca

Los ojos pueden reflejar cambios relacionados con la diabetes, la hipertensión, las enfermedades autoinmunes, los trastornos tiroideos y otras patologías generales. En nuestra clínica oftalmológica en Salamanca realizamos una evaluación completa de la retina, el nervio óptico y la superficie ocular, teniendo en cuenta los antecedentes médicos y los tratamientos de cada paciente.

La coordinación entre especialistas permite interpretar mejor los hallazgos, detectar complicaciones de forma precoz y establecer un seguimiento adaptado a cada caso. Una revisión oftalmológica no sustituye al control de la enfermedad general, pero constituye una parte importante del cuidado integral de la salud.

Dr. Alberto Bermudez
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Especialista en cataratas y enfermedades del vítreo y la retina, con experiencia en el tratamiento de enfermedades oculares como cataratas, glaucoma, degeneración macular y retinopatía diabética. Atiende padecimientos de la córnea, defectos refractivos como miopía, hipermetropía y astigmatismo, así como afecciones comunes como ojo seco, conjuntivitis y blefaritis, con un enfoque integral en la salud visual.

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