Oftalmólogo en Salamanca | Núm. Colegiado: 373707341
Especialista en cataratas y enfermedades del vítreo y la retina, con experiencia en el tratamiento de enfermedades oculares como cataratas, glaucoma, degeneración macular y retinopatía diabética. Atiende padecimientos de la córnea, defectos refractivos como miopía, hipermetropía y astigmatismo, así como afecciones comunes como ojo seco, conjuntivitis y blefaritis, con un enfoque integral en la salud visual.
La diabetes mellitus es una enfermedad metabólica crónica que se caracteriza por la presencia de niveles elevados de glucosa en la sangre. Se produce cuando el organismo no fabrica suficiente insulina, no puede utilizarla correctamente o existe una combinación de ambos problemas.
La relación entre diabetes mellitus y salud ocular va más allá de la retinopatía diabética. Las fluctuaciones de glucosa pueden provocar cambios temporales en la visión, mientras que la evolución de la enfermedad puede aumentar el riesgo de desarrollar cataratas, glaucoma y otras alteraciones oculares.
Una de las principales dificultades es que algunas complicaciones pueden avanzar sin producir síntomas durante sus primeras fases. Por ello, el seguimiento oftalmológico forma parte de la atención de las personas con diabetes, incluso cuando consideran que ven correctamente.
En este artículo explicamos qué es la diabetes mellitus, cuáles son sus principales tipos, cómo se diagnostica, qué relación tiene con la visión y por qué las revisiones oculares son importantes para prevenir complicaciones.
¿Qué es la diabetes mellitus?
La diabetes mellitus es un conjunto de enfermedades metabólicas que tienen en común una alteración en la regulación de la glucosa sanguínea.
La glucosa es una fuente fundamental de energía para las células. Procede principalmente de los alimentos y su concentración en la sangre está regulada por diferentes hormonas, entre ellas la insulina.
La insulina se produce en las células beta del páncreas y facilita que numerosos tejidos puedan utilizar o almacenar la glucosa. También participa en la regulación de su producción por el hígado.
Cuando la insulina es insuficiente o el organismo no responde adecuadamente a su acción, la glucosa puede acumularse en la sangre. Esta situación recibe el nombre de hiperglucemia. Si se mantiene de forma prolongada, la hiperglucemia puede alterar el funcionamiento de los vasos sanguíneos, los nervios y otros tejidos.
Por tanto, la diabetes no consiste únicamente en tener el azúcar elevado en un análisis. Es una enfermedad que requiere seguimiento porque puede producir consecuencias a largo plazo, incluso antes de que aparezcan molestias evidentes.
¿Qué tipos de diabetes mellitus existen?
Existen diferentes tipos de diabetes mellitus y no todos se producen por el mismo mecanismo.
Diabetes mellitus tipo 1
La diabetes mellitus tipo 1 se caracteriza por una destrucción de las células beta del páncreas, generalmente relacionada con un proceso autoinmunitario. Como consecuencia, el organismo produce una cantidad muy reducida de insulina o deja de producirla.
Puede aparecer durante la infancia, la adolescencia o la edad adulta. Las personas con diabetes tipo 1 necesitan tratamiento con insulina para mantener el control de la glucosa.
Aunque se ha asociado tradicionalmente a pacientes jóvenes, no es una enfermedad exclusiva de los niños.
Diabetes mellitus tipo 2
La diabetes mellitus tipo 2 es la forma más frecuente de diabetes. Se produce por una combinación de resistencia a la acción de la insulina y una capacidad insuficiente del páncreas para compensar esa resistencia mediante su producción.
Suele desarrollarse progresivamente y puede permanecer sin diagnosticar durante años.
Su aparición está relacionada con factores genéticos, metabólicos y ambientales. Entre los factores de riesgo se encuentran los antecedentes familiares, la edad, el exceso de adiposidad y el sedentarismo, aunque también puede aparecer en personas que no presentan todos estos factores.
Diabetes gestacional
La diabetes gestacional es una alteración de la regulación de la glucosa que se diagnostica durante el embarazo y que no corresponde a una diabetes previamente conocida.
Los cambios hormonales propios de la gestación pueden aumentar la resistencia a la insulina y dificultar el mantenimiento de valores normales de glucosa. Aunque en muchos casos la alteración desaparece después del parto, haber tenido diabetes gestacional aumenta el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 posteriormente.
Es importante diferenciarla de una mujer que ya tenía diabetes tipo 1 o tipo 2 antes de quedarse embarazada, especialmente al valorar el seguimiento oftalmológico.
Otros tipos de diabetes
Existen formas menos frecuentes relacionadas con determinadas alteraciones genéticas, enfermedades del páncreas o medicamentos que afectan al metabolismo de la glucosa.
Identificar correctamente el tipo de diabetes es fundamental para elegir el tratamiento y establecer el seguimiento adecuado.
¿Cuáles son los síntomas de la diabetes mellitus?
Los síntomas de la diabetes mellitus pueden variar según el tipo de enfermedad, el nivel de glucosa y la rapidez con la que aparece la hiperglucemia.
Entre las manifestaciones más características se encuentran el aumento de la sed, la necesidad de orinar con mayor frecuencia, el cansancio y la pérdida de peso no intencionada. También pueden aparecer mayor sensación de hambre, infecciones recurrentes y una cicatrización más lenta de determinadas heridas.
Algunas personas experimentan visión borrosa o cambios en la nitidez visual, especialmente cuando se producen variaciones importantes de glucosa. Sin embargo, la diabetes tipo 2 puede desarrollarse de forma silenciosa. Es posible presentar niveles elevados de glucosa durante bastante tiempo sin notar síntomas evidentes.
Por eso, la ausencia de molestias no descarta la enfermedad y el diagnóstico debe realizarse mediante pruebas específicas.
Si aparecen vómitos, dolor abdominal, respiración anormal, deshidratación intensa o alteración del estado de conciencia en una persona con sospecha de diabetes, es necesaria atención médica urgente, ya que pueden indicar una descompensación metabólica grave.
¿Cómo se diagnostica la diabetes mellitus?
El diagnóstico se establece mediante pruebas que permiten medir la concentración de glucosa o valorar cómo se ha comportado durante un periodo determinado.
Entre las pruebas utilizadas se encuentran la glucosa plasmática en ayunas, la hemoglobina glucosilada o HbA1c y la prueba de tolerancia oral a la glucosa. En personas no embarazadas, algunos de los criterios diagnósticos habituales son:
- Glucosa plasmática en ayunas igual o superior a 126 mg/dl
- HbA1c igual o superior al 6,5 %, cuando se utiliza un método de laboratorio apropiado
- Glucosa plasmática igual o superior a 200 mg/dl a las dos horas de una prueba de tolerancia oral con 75 gramos de glucosa
- Glucosa plasmática aleatoria igual o superior a 200 mg/dl en presencia de síntomas clásicos de hiperglucemia o una crisis hiperglucémica
Cuando no existen síntomas inequívocos, generalmente es necesario confirmar el resultado mediante otra determinación. Estos criterios no deben utilizarse para interpretar de forma aislada una medición doméstica. El diagnóstico corresponde al profesional sanitario, que también debe identificar el tipo de diabetes y las posibles circunstancias que puedan alterar los resultados.
¿Por qué la diabetes mellitus puede afectar a los ojos?
La relación entre la diabetes y la salud ocular se explica por los efectos que las alteraciones metabólicas pueden ejercer sobre diferentes estructuras del ojo. La exposición prolongada a niveles elevados de glucosa favorece cambios bioquímicos que pueden afectar a los vasos sanguíneos, los tejidos nerviosos y otros componentes celulares.
Entre los mecanismos implicados se encuentran el estrés oxidativo, la formación de productos de glicación avanzada y las alteraciones de la función vascular.
En el ojo, estos procesos pueden afectar especialmente a la microcirculación retiniana, aunque sus consecuencias no se limitan a la retina. También pueden producirse cambios en el cristalino, en la superficie ocular y en los mecanismos que contribuyen a mantener una visión estable.
No todas las personas con diabetes desarrollan complicaciones oculares, pero el riesgo puede aumentar con la duración de la enfermedad, el control glucémico insuficiente y la presencia de otros factores, como hipertensión arterial o alteraciones de los lípidos.
¿Por qué puede aparecer visión borrosa cuando sube el azúcar?
Una de las manifestaciones visuales que pueden experimentar las personas con diabetes es la visión borrosa transitoria relacionada con cambios en la glucosa sanguínea.
Cuando la concentración de glucosa varía de manera importante, pueden producirse modificaciones en el equilibrio de líquidos y en las propiedades ópticas del cristalino. Estas alteraciones pueden cambiar temporalmente la capacidad del ojo para enfocar las imágenes.
Como consecuencia, una persona puede notar que ve peor de lejos o de cerca, incluso sin presentar una lesión retiniana que explique ese cambio. También pueden aparecer variaciones en la graduación durante periodos de descompensación o después de iniciar un tratamiento que modifica de forma importante los niveles de glucosa.
En muchos casos, estas fluctuaciones mejoran cuando la glucemia se estabiliza. Sin embargo, no debe atribuirse automáticamente cualquier episodio de visión borrosa al azúcar. La diabetes también puede asociarse a enfermedades oculares que necesitan diagnóstico y tratamiento específicos.
¿La diabetes puede provocar cambios en la graduación de las gafas?
Sí. Las fluctuaciones importantes de glucosa pueden producir cambios temporales en la refracción del ojo. Esto significa que una graduación que antes proporcionaba una visión adecuada puede dejar de hacerlo durante un periodo de descontrol metabólico.
Algunas personas notan que necesitan acercar más los textos, que ven peor los objetos lejanos o que sus gafas habituales parecen haber perdido eficacia. Estos cambios pueden modificarse nuevamente cuando los niveles de glucosa se estabilizan.
Por esta razón, cuando existe una alteración glucémica importante, puede ser conveniente esperar a que la situación metabólica esté suficientemente estable antes de establecer una nueva graduación definitiva, siempre que las circunstancias clínicas lo permitan.
La duración de estas variaciones no es idéntica en todos los pacientes. Un cambio brusco de graduación no debe considerarse normal únicamente porque exista diabetes, especialmente si aparece en un solo ojo o se acompaña de otros síntomas visuales.
¿Qué enfermedades oculares se relacionan con la diabetes mellitus?
La diabetes puede aumentar el riesgo de desarrollar diferentes enfermedades oculares, aunque cada una afecta a estructuras distintas y necesita una valoración específica.
La complicación más conocida es la retinopatía diabética, que afecta a los pequeños vasos sanguíneos y al tejido de la retina. Puede avanzar sin síntomas y, en fases más importantes, comprometer la visión.
También puede aparecer edema macular diabético, una acumulación de líquido en la zona central de la retina que puede dificultar actividades como leer o reconocer detalles.
Otras alteraciones asociadas son las cataratas, que pueden desarrollarse antes o con mayor frecuencia en personas con diabetes, y determinados tipos de glaucoma. En casos avanzados de enfermedad retiniana pueden producirse complicaciones como hemorragias vítreas, desprendimientos de retina por tracción o glaucoma neovascular.
La diabetes también puede relacionarse con cambios en la superficie ocular y alteraciones de la sensibilidad corneal. Cada una de estas enfermedades tiene mecanismos y tratamientos diferentes. Por eso, la diabetes mellitus debe entenderse como el contexto metabólico que puede favorecer distintas complicaciones, no como una enfermedad ocular única.
Si quieres conocer en profundidad una de sus complicaciones más importantes, puedes consultar nuestro artículo sobre retinopatía diabética.
¿Qué relación existe entre la diabetes y las cataratas?
Las personas con diabetes presentan un mayor riesgo de desarrollar cataratas y, en algunos casos, pueden aparecer a edades más tempranas.
El cristalino necesita conservar su transparencia para permitir que la luz llegue correctamente a la retina. Las alteraciones metabólicas relacionadas con la hiperglucemia pueden favorecer cambios en sus proteínas y en los mecanismos que regulan su equilibrio interno, contribuyendo al desarrollo de opacidades.
Cuando aparecen cataratas, la visión puede volverse progresivamente borrosa y pueden aumentar las molestias frente al deslumbramiento. No obstante, es importante diferenciar una catarata de las fluctuaciones refractivas temporales relacionadas con los cambios de glucosa.
Una catarata implica una pérdida de transparencia del cristalino, mientras que una variación transitoria de graduación no significa necesariamente que exista una opacidad.
¿Puede la diabetes afectar a la superficie ocular?
Sí. La diabetes también puede influir en el funcionamiento de la superficie ocular, aunque estas alteraciones son menos conocidas que las complicaciones retinianas. Algunos pacientes presentan síntomas de sequedad, irritación o sensación de cuerpo extraño.
Entre los mecanismos que pueden intervenir se encuentran cambios en la película lagrimal, alteraciones de la sensibilidad corneal y afectación de los nervios que participan en el mantenimiento de la superficie del ojo.
En determinadas personas, la sensibilidad corneal disminuida puede dificultar la percepción de lesiones o molestias. Esto resulta importante porque una córnea con menor sensibilidad puede presentar problemas de cicatrización y necesitar un seguimiento específico.
Sin embargo, no todas las molestias de ojo seco en una persona con diabetes se deben necesariamente a esta enfermedad. También pueden intervenir la edad, los medicamentos, el ambiente y otras alteraciones de la superficie ocular.
¿Por qué es importante controlar la glucosa para proteger la visión?
El control de la glucosa es una de las medidas fundamentales para reducir el riesgo de complicaciones asociadas a la diabetes. Los estudios clínicos han demostrado que mantener un control glucémico adecuado puede disminuir la aparición y progresión de determinadas complicaciones microvasculares, entre ellas la retinopatía diabética.
Sin embargo, proteger la visión no depende exclusivamente de mantener la glucosa dentro de unos valores determinados.
La presión arterial, los lípidos sanguíneos, la duración de la enfermedad y otros factores también influyen en el riesgo ocular. Por ello, el tratamiento de la diabetes debe abordarse de forma integral y adaptarse a las características de cada persona.
Las medidas pueden incluir alimentación saludable, actividad física, control del peso cuando está indicado, medicamentos y tratamiento con insulina según el tipo de diabetes.
Los objetivos de glucosa y HbA1c deben establecerse individualmente por el equipo médico. Además, es importante evitar cambios de tratamiento por iniciativa propia, especialmente cuando existen complicaciones oculares conocidas.
¿Cuándo debe hacerse la primera revisión oftalmológica una persona con diabetes?
El momento de la primera revisión depende del tipo de diabetes y de la edad del paciente.
- En los adultos con diabetes tipo 2, se recomienda una exploración oftalmológica completa con dilatación pupilar en el momento del diagnóstico. Esto se debe a que la enfermedad puede haber estado presente durante años antes de ser identificada.
- En los adultos con diabetes tipo 1, la recomendación habitual es realizar la primera exploración dentro de los cinco años posteriores al inicio de la enfermedad.
- En niños y adolescentes se utilizan criterios específicos, que tienen en cuenta la edad, el momento de aparición de la diabetes y otros factores clínicos.
Estas recomendaciones pueden adaptarse cuando existen síntomas visuales o circunstancias que justifican una exploración anterior. Lo importante es comprender que la primera revisión ocular no debe esperar a que aparezca visión borrosa.
¿Cada cuánto tiempo debe revisarse la vista una persona con diabetes?
La frecuencia de las revisiones oftalmológicas depende del estado ocular y del control de la enfermedad. En general, las exploraciones anuales son una referencia habitual para muchas personas con diabetes.
Cuando no existe retinopatía en una o varias revisiones y el control glucémico es adecuado, el especialista puede considerar intervalos de uno a dos años en determinados pacientes.
Si se detecta retinopatía, las revisiones suelen realizarse al menos anualmente y pueden necesitarse controles más frecuentes cuando existe progresión o riesgo para la visión. También puede ser necesario adaptar el seguimiento cuando se producen cambios importantes en el control metabólico o aparecen nuevas alteraciones oculares.
Por tanto, no existe una frecuencia idéntica para todas las personas con diabetes. El calendario debe individualizarse según el riesgo y los hallazgos de las exploraciones previas.
¿Se puede tener diabetes y conservar una buena visión durante toda la vida?
Sí. Tener diabetes no significa que una persona vaya a perder necesariamente la visión. Muchas personas conservan una buena función visual durante años mediante un control adecuado de su enfermedad y un seguimiento oftalmológico apropiado.
El riesgo de complicaciones depende de múltiples factores y puede reducirse con medidas preventivas y una detección temprana. Además, los avances en el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades oculares relacionadas con la diabetes permiten intervenir en situaciones que anteriormente tenían un pronóstico visual más desfavorable.
Sin embargo, conservar una buena agudeza visual no garantiza que no existan alteraciones iniciales. Algunas lesiones retinianas pueden desarrollarse sin afectar a la visión central durante sus primeras fases.
Por ello, ver bien y tener los ojos sanos no son exactamente lo mismo, especialmente cuando existe una enfermedad sistémica como la diabetes.
Preguntas frecuentes sobre la diabetes mellitus y la salud ocular
¿La diabetes gestacional obliga a realizar revisiones especiales de retina?
La diabetes gestacional, cuando aparece durante el embarazo en una mujer que no tenía diabetes previamente, no suele aumentar por sí sola el riesgo de desarrollar retinopatía diabética durante esa gestación. La situación es diferente en mujeres con diabetes tipo 1 o tipo 2 preexistente, que necesitan una planificación específica del seguimiento ocular.
¿Una persona con diabetes puede utilizar lentes de contacto?
Sí, siempre que el estado de la superficie ocular lo permita y se mantengan unas medidas adecuadas de higiene y uso. Si existen sequedad importante, alteraciones de sensibilidad corneal o problemas de cicatrización, puede ser necesario adaptar su utilización o valorar otras opciones de corrección visual.
¿La diabetes puede provocar visión doble?
Sí, en determinados casos la diabetes puede asociarse a alteraciones de los nervios que controlan los movimientos oculares, provocando visión doble. Sin embargo, la diplopía también puede tener otras causas importantes. Si aparece de forma repentina, debe valorarse urgentemente, especialmente si se acompaña de otros síntomas neurológicos.
¿La diabetes puede afectar a la visión nocturna?
Algunas enfermedades oculares que pueden aparecer en personas con diabetes dificultan la visión en condiciones de poca iluminación. Sin embargo, la diabetes no provoca necesariamente problemas de visión nocturna. Si aparece esta dificultad, conviene estudiar posibles alteraciones del cristalino, la retina u otras estructuras oculares.
¿Es seguro dilatar las pupilas durante una revisión si se tiene diabetes?
La dilatación pupilar es una parte habitual de muchas exploraciones oftalmológicas en personas con diabetes. Las gotas pueden provocar visión borrosa de cerca y sensibilidad a la luz durante varias horas. El especialista debe valorar previamente las circunstancias oculares particulares y las posibles contraindicaciones.
¿Los medicamentos para la diabetes pueden influir en la salud ocular?
Algunos tratamientos y, especialmente, las reducciones rápidas de glucosa pueden asociarse a cambios visuales transitorios o a una evolución inicial desfavorable de una retinopatía preexistente. Esto no significa que deban evitarse los tratamientos eficaces para la diabetes. Lo importante es coordinar el control metabólico y el seguimiento oftalmológico cuando existe enfermedad retiniana conocida.
¿Las personas con diabetes pueden someterse a cirugía refractiva?
La diabetes no constituye una contraindicación absoluta en todos los casos, pero requiere una valoración individualizada. Es necesario estudiar el control metabólico, la estabilidad de la graduación, la superficie ocular, la cicatrización y el estado de la retina antes de considerar cualquier procedimiento refractivo.
Diabetes mellitus y salud ocular: la importancia de las revisiones preventivas
La diabetes mellitus es una enfermedad metabólica que puede influir en la salud ocular de diferentes maneras. Además de las complicaciones que afectan a la retina, las variaciones de glucosa pueden modificar temporalmente la visión y la enfermedad puede aumentar el riesgo de cataratas, glaucoma y determinadas alteraciones de la superficie ocular.
Sin embargo, tener diabetes no significa que la pérdida visual sea inevitable. El control metabólico, la atención a otros factores de riesgo y las revisiones oftalmológicas permiten detectar problemas en fases en las que todavía pueden no existir síntomas.
En nuestra clínica oftalmológica en Salamanca, la valoración de la salud ocular permite estudiar el estado de las diferentes estructuras del ojo y orientar el seguimiento de las personas con diabetes según sus necesidades.
La prevención visual comienza antes de notar que se ve peor. Por eso, incorporar las revisiones oftalmológicas al cuidado habitual de la diabetes es una medida importante para conservar la salud ocular a largo plazo.
Oftalmólogo en Salamanca | Núm. Colegiado: 373707341
Especialista en cataratas y enfermedades del vítreo y la retina, con experiencia en el tratamiento de enfermedades oculares como cataratas, glaucoma, degeneración macular y retinopatía diabética. Atiende padecimientos de la córnea, defectos refractivos como miopía, hipermetropía y astigmatismo, así como afecciones comunes como ojo seco, conjuntivitis y blefaritis, con un enfoque integral en la salud visual.






