Oftalmólogo en Salamanca | Núm. Colegiado: 373707341
Especialista en cataratas y enfermedades del vítreo y la retina, con experiencia en el tratamiento de enfermedades oculares como cataratas, glaucoma, degeneración macular y retinopatía diabética. Atiende padecimientos de la córnea, defectos refractivos como miopía, hipermetropía y astigmatismo, así como afecciones comunes como ojo seco, conjuntivitis y blefaritis, con un enfoque integral en la salud visual.
Qué ocurre cuando se produce un desgarro de retina
En condiciones normales, la retina permanece adherida a la pared interna del ojo. Sin embargo, con el paso del tiempo, el humor vítreo —una sustancia gelatinosa que rellena el interior del ojo— comienza a encogerse y a volverse más líquido, un proceso que se explica en detalle en cómo funciona el humor vítreo. En la mayoría de las personas este cambio ocurre sin consecuencias, pero en algunos casos el vítreo se adhiere a la retina y ejerce una tracción excesiva.
Cuando esa tracción es suficientemente fuerte, puede provocar un desgarro en la retina. A través de ese orificio, el líquido puede filtrarse y levantar la retina de su posición natural, dando lugar a un desprendimiento de retina, una complicación mucho más grave que puede causar pérdida permanente de visión si no se trata con rapidez.
Por qué un desgarro de retina es una urgencia
El principal riesgo de un desgarro retiniano es su evolución hacia un desprendimiento de retina. Una vez que la retina se separa de la parte posterior del ojo, deja de recibir el aporte de oxígeno y nutrientes necesarios para su funcionamiento. Este mecanismo es similar al que ocurre en otras patologías retinianas, como la oclusión de la arteria central de la retina, donde la falta de riego sanguíneo produce daño visual grave.
Por este motivo, cualquier sospecha de desgarro de retina debe ser evaluada de inmediato por un oftalmólogo. La rapidez en el diagnóstico y el tratamiento es clave para preservar la visión.
Quiénes tienen mayor riesgo de sufrir un desgarro de retina
Existen ciertos factores que aumentan la probabilidad de padecer un desgarro de retina. Las personas con miopía tienen un mayor riesgo debido a la forma y longitud del globo ocular. También incrementan el riesgo las cirugías oculares previas, especialmente la cirugía de cataratas, tras la cual algunas personas pueden notar síntomas como los descritos en ver borroso después de una operación de cataratas.
Otros factores importantes son haber sufrido traumatismos oculares, haber tenido un desgarro o desprendimiento de retina en el otro ojo, contar con antecedentes familiares de este problema o presentar zonas débiles en la retina, que pueden detectarse en revisiones oftalmológicas.
Síntomas tempranos de un desgarro retiniano
Los síntomas de un desgarro de retina suelen aparecer de forma repentina y no deben ignorarse. Uno de los signos más frecuentes es la aparición súbita de destellos de luz, similares a ver estrellas o relámpagos, especialmente en la visión periférica, un fenómeno que se describe con más detalle en ver destellos de luz en el rabillo del ojo.
Otro síntoma habitual es un aumento repentino de las moscas volantes, que pueden presentarse como puntos, hilos o manchas oscuras que se mueven con la mirada. Estas pueden aparecer de forma aislada o asociarse a una hemorragia vítrea, lo que provoca una gran cantidad de moscas volantes y visión borrosa.
La presencia de una sombra, cortina o mancha oscura que cubre parte del campo visual, así como una disminución notable de la visión, son signos de alarma que requieren atención médica inmediata y pueden relacionarse con pérdida de visión periférica.

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Cómo se diagnostica un desgarro de retina
El diagnóstico de un desgarro retiniano se realiza mediante un examen oftalmológico completo. El especialista dilata la pupila con gotas para poder observar el interior del ojo con lentes especiales, una técnica fundamental para valorar la retina periférica. Esta exploración permite detectar desgarros, orificios o signos iniciales de desprendimiento de retina con gran precisión.
En algunos casos pueden emplearse pruebas adicionales para evaluar el estado del vítreo y la retina, especialmente si hay opacidades que dificultan la visualización directa.
Tratamientos disponibles para los desgarros de retina
Cuando el desgarro se detecta antes de que la retina se desprenda, el tratamiento suele ser eficaz y relativamente sencillo. Uno de los métodos más utilizados es la fotocoagulación con láser. Este procedimiento crea pequeñas cicatrices alrededor del desgarro para sellar la retina y evitar que el líquido se filtre por el orificio.
Otra opción es la criopexia, que utiliza frío extremo para provocar una cicatrización controlada alrededor del desgarro. Ambas técnicas tienen como objetivo fijar la retina a la pared del ojo y prevenir el desprendimiento, de forma similar a los tratamientos empleados en otras alteraciones retinianas como la tracción vitreomacular.
Riesgos y recuperación tras el tratamiento
Como cualquier procedimiento médico, la reparación de un desgarro de retina conlleva ciertos riesgos, como sangrado, aumento de la presión intraocular, desarrollo de cataratas, infección o la necesidad de tratamientos adicionales si el desgarro no se sella por completo.
Tras el tratamiento, es normal experimentar molestias leves, así como la persistencia temporal de moscas volantes o destellos. Se recomienda reposo relativo durante varias semanas y seguir estrictamente las indicaciones del oftalmólogo en cuanto a actividad física y medicación.
Conclusión: actuar rápido marca la diferencia
El desgarro de retina es una afección seria, pero tratable si se detecta a tiempo. Reconocer los síntomas de alerta y acudir de inmediato a un especialista puede evitar complicaciones graves y preservar la visión. Las revisiones oftalmológicas periódicas, especialmente en personas con factores de riesgo, son una herramienta fundamental para detectar a tiempo problemas en la retina y proteger la salud visual a largo plazo.
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Especialista en cataratas y enfermedades del vítreo y la retina, con experiencia en el tratamiento de enfermedades oculares como cataratas, glaucoma, degeneración macular y retinopatía diabética. Atiende padecimientos de la córnea, defectos refractivos como miopía, hipermetropía y astigmatismo, así como afecciones comunes como ojo seco, conjuntivitis y blefaritis, con un enfoque integral en la salud visual.






